Soy psicólogo y educador social, y desde hace años me dedico a acompañar a personas que han atravesado experiencias de abuso emocional y psicológico, especialmente dentro de vínculos con perfiles narcisistas o psicopáticos. Mi enfoque nace tanto de mi formación como de una trayectoria vital y profesional profundamente marcada por el contacto con el dolor humano y la injusticia.
Empecé mi camino profesional como educador en prisiones. Allí vi de cerca cómo la exclusión, la violencia y la falta de sostén emocional atraviesan vidas enteras. Más adelante, trabajé con niños, niñas y adolescentes en riesgo de exclusión social, en centros de acogida y con familias profundamente traumatizadas. Al mismo tiempo, me formaba como psicólogo, tratando de integrar cada experiencia con una mirada más amplia y compasiva.
Con el tiempo, me sentí profundamente decepcionado por un sistema que muchas veces prioriza cifras, diagnósticos y protocolos antes que a las personas. Esa frustración me llevó a abrir mi propia consulta, para poder trabajar desde otro lugar: más humano, más ético, más cercano.
Desde 2019, también uso las redes sociales para visibilizar lo que muchas veces no se nombra: la distorsión psicológica, la manipulación emocional, la desregulación del sistema nervioso tras el trauma, y las dinámicas de poder invisibles que sostienen estos abusos. Escribo, comparto, denuncio y acompaño porque creo en la palabra como herramienta de conciencia y reparación.
En mi trabajo terapéutico integro el cuerpo como vía de autorregulación emocional. Facilito talleres vivenciales donde no solo se habla del dolor, sino que se siente, se reconoce y se transforma desde el juego y la seguridad. Porque el trauma no es solo una historia pasada: es algo que el cuerpo sigue contando si no se le escucha.
Hoy, acompaño a personas que han sobrevivido a relaciones marcadas por el abuso narcisista, la manipulación o el abandono emocional. Les ayudo a ponerle nombre a lo vivido, a validarse, a reconstruir sus límites y a construir su estructura de centro emocional. Lo hago con respeto, con presencia y con la profunda convicción de que sanar no es olvidar lo que pasó, sino dejar de vivir desde esa herida.